http://photos1.blogger.com/blogger/7442/2375/1600/blog1.0.jpg(otra portada) El sur: Fincas de Pichucalco: El Azufre y la crónica de Heller

jueves, octubre 07, 2010

Fincas de Pichucalco: El Azufre y la crónica de Heller

Finca El Azufre, en 1959. (Foto: Archivo Histórico de Chiapas.)

Finca El Azufre, en 2010. (Foto: Fermín Ledesma).

“Apenas se penetra en las tierras de Chiapas por esta dirección [de Tabasco] cuando ya se encuentra uno al pie de un cerro sobre el cual hay un bello edificio, que rodeado por las pequeñas chozas de caña de los indios que proporcionan la mano de obra en este sitio, es una de las muchas propiedades del rico Salvador Calcaño y que lleva el nombre de Azufre por los cercanos manantiales sulfurosos”, escribió Karl Bartholomeus Heller en marzo de 1848 al llegar a la Finca El Azufre en los límites Chiapas-Tabasco.

Mientras en el resto del país se vivía una intensa agitación política y armada por la intervención norteamericana a México, en Chiapas el control político y militar del centro se encontraba en disputa entre liberales y conservadores.

Pero en Pichucalco, los pobladores parecían distraerse en una representación del drama “El Trovador”, de Antonio García Gutiérrez, puesta en escena por el médico francés Louis Boucht, avecindado en la región desde 1843. La obra, se llevó a cabo bajo un improvisado teatro de tablas, cañas, hoja de plátano y con decorados pintados sobre lienzos de algodón.

“La tan ansiada noche llegó y se reunió una gran muchedumbre de muy distinta procedencia. La mayor parte de los espectadores había traído su propio asiento y como sólo el escenario estaba iluminado, vimos que la gente no sólo traía dónde sentarse sino también una linterna a fin de poder reconocer lo que la rodeaba….al final todos estaban tan satisfechos que se sentían convencidos de que no hubiera podido representarse nunca nada mejor. Las pláticas sobre esta noche tan entretenida no tenían fin…”(Poblett, 1999: Pág. 98)

Es el viajero checo, Heller quien aporta relatos sobre la vida cotidiana en las haciendas de Pichucalco al visitar las fincas de El Rosario, San José Las Lluvias, El Azufre y Santa Rosalía, propiedad del cura tabasqueño, José Salvador Calcáneo, ubicados en las márgenes del río El Blanquillo, en los límites de Chiapas-Tabasco, en marzo de 1848.
Heller, exploraba la región en busca de algunas especies raras de animales e insectos, mientras observaba con especial interés el trato de los finqueros hacia los zoques que habitaban la región y que servían de mano de obra en las haciendas.

“En el curso de mi estancia tuve de nuevo oportunidad de conocer las relaciones entre los indios y su amo y me dí cuenta de que los indígenas libres, por suave que fuera el trato, no gozaban de mas libertad que los esclavos de Luisiana o Las Antillas. Una vez que entran al servicio de la hacienda quedan endeudados a causa de un bajo préstamo, dinero que nunca serán capaces de pagar con su trabajo y que se les presta con tanto mayor gusto cuanto les encadenará para siempre. Los propietarios de las haciendas castigan autocráticamente la huida de un trabajador endeudado o cualquier salida sin permiso con azotes que pueden ir de diez a cincuenta y, por desgracia, tuve que presenciar este proceder, tanto aquí como en Yucatán…” (Poblett, 1999: Pág. 82)

Hoy, 162 años después de la visita a Heller, la finca El Azufre parece agonizar, pues sus propietarios han borrado toda evidencia de los sucesos que habrían ocurrido ahí, sobre todo los hechos del siglo XIX, como la disputa por la indefinición de los límites entre Tabasco y Chiapas.

Aún así, El Azufre sigue siendo la primera imagen y la primera finca que se observa al entrar a Chiapas por el lado norte.

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