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martes, marzo 26, 2013

La cuesta de Tapilula: 1944


Por Frans Blom


Cuatrocientos veinte años después de Bernal Díaz del Castillo y cuatrocientos años después de los frailes, atravesé una gran parte del mismo camino, con la “Historia Verdadera” de Bernal Díaz y el Diario de Fray Tomás en mil alforjas y puedo atestiguar ampliamente que en estas sierras hay pasos muy malos “así de subir como de bajar” y que fray Tomas tiene razón cuando dice “que los demonios habían hecho aquellos caminos para despeñar hombres”. 
No creyendo que un estudio histórico de esta índole debe hacerse solamente “de gabinete”, en varias ocasiones he visitado Campeche, Champotón, la Isla de Términos y otros lugares mencionados en el diario de viaje de fray Tomás de la Torre. 
Hice el recorrido entre Ciudad Real (Hoy Ciudad de las Casas) hasta San Andrés Chamula, cómodamente en un automóvil puesto a mi disposición por mi fino amigo don Erasto Urbina, Presidente Municipal de Ciudad Las Casas y con el señor Miguel M. Solís, como introductor a las autoridades locales. 
En el mes de marzo de 1944, trescientos noventa y nueve años después de los padres Dominicos bajé la cuesta de Tapilula y para hacer mi viaje en conformidad con las experiencias de los frailes el dios de la lluvia proporcionó un Norte feroz: “llovía a cántaros”. 
Las altiplanicies de Chiapas son frescas y agradables; el paisaje es lindo y los caminos cruzan cerros y valles. Los vientos soplan en los ocotales, encinales y robledales. El mes de marzo es el mes de las flores de variados colores y de múltiples olores. La vida es rica y encantadora. 
Aquí y allá se está entremetiendo la vida moderna; caminos de automóvil están penetrando a muchas partes del riquísimo Estado y el apeste del humo de gasolina se mezcla con el perfume de la junefa. Los cerros y los ríos y los valles son los mismos de hacer cuatrocientos años, de hace dos mil años; y la vida de los indios corre su camino siempre. Poco se ha cambiado a través de los siglos. 
El centro de la vida es la iglesia erigida en el lugar en donde antes estaba el templo de los dioses y el buen maíz rige sobre todos. La ruta de Bernal Díaz del Castillo desde Chamula hasta Tapilula y de fray Tomás de la Torre desde Tapilula hasta Ciudad Real, es poco claro; pero sin duda siguieron caminos indígenas, conocidos centenares de años anteriores. Subieron cuestas paradas por veredas en zig-zag hasta llegar a las lomas y continuaron a lo largo del espinazo angosto de las lomas con barrancas hondas a los lados hasta llegar a la bajada. Cruzaron unas planadas y otra subieron y bajaron. Hora tras hora, lengua tras legua. 
Los caminos de herradura son más largos y menos violentos y los del automóvil son muchos más largos todavía, y poco se vé del paisaje por la rapidez del progreso. Hay dos clases de lenguas en las tierras de Tabasco y Chiapas, donde viajaban los conquistadores y frailes. La una es la legua de Tabasco que, es la legua horizontal, a veces bajo el agua; la otra, es la legua vertical de Chiapas.
De esta última hay dos sub-clases: las leguas verticales que van para arriba y las leguas verticales que van para abajo. Así es Chiapas. Tomando el camino más probable, vemos en menos de 109 kilómetros en línea horizontal entre Teapa y Ciudad Real (Las Casas) hay los siguientes cambios de altura sobre el nivel del mar: Teapa 72 m Ixtapangajoya 110 ” Soloxuchiapa 200 ” Ixhuatán 481 ” Tapilula 826 ” San Bartolo 1337 ” Pueblo Nuevo 1636 ” Jitotol 1340” Plátanos 1230 ” San Andrés 1275 ” Chamula 1670 ” Ciudad Real (Las Casas) 2113 ” 
Esto quiere decir la altura de los pueblos mencionados que casi siempre se encuentran en un plan, y entre ellos, hay más altos todavía.
En la madrugada hace frío en los altos y las nubes envuelven todo con su humedad. Sale humo de los techos de paja de las casas donde las mujeres están preparando el desayuno para sus hombres. Se ore el continuo “holi, holi, huqui, huqui” como dicen en el popol-vuh de las manos de piedra sobre los metales.
Se levanta el sol y con él la neblina. Pasamos por bellos ocotales sembrado como un jardín, atravesamos lugares abiertos en donde pasta el ganado y las mulas de los indios chamulas. Así son los alrededores de Chamula, San Andrés y Jitotol.
Empieza la cuesta. En la cumbre de los cerros, los árboles de la montaña tropical se mezclan con los ocotes y encinos. Llegamos a Pueblo Nuevo Solistahuacán (1636 m), un pueblo casi enteramente de indios Zoques. Ya dejamos los indios de habla zotzil o los quelenes atrás. Desde aquí hasta más allá de Teapa domina la lengua Zoque: una lengua que tiene poca semejanza a las de las naciones de la familia Maya; una isla de lengua afiliada con el Mixe, en el lejano Oaxaca central.
Empieza la bajada de la cuesta de Tapilula. Todavía estamos entre ocotales. El camino baja 300 metros en una corta distancia horizontal pero da vuelta y más vuelta. La mula avanza paso a paso, y las piedras sueltas ruedan hasta el fondo de las barrancas. Se abre una vista entre los árboles y miramos la cañada del Río Teapa.
En la orilla de este río va el camino, abajo, abajo, legua tras legua; y son leguas de Chiapas. Entramos a San Bartolo Solistahuacán (1337 M) pueblo triste dominado por un enorme cajó de piedra, que es lo que antes era una de las muchas iglesias grande los frailes Dominicanos. Todos estos pueblos de la tierra Zoque que antes estaban bajo el dominio del Convento de Tecpatán, parecen pequeños y casi aplastados por el enorme bulto y peso de la ruina de la iglesia que está en su centro.
Se levantan las paredes, altas y pesadas hasta el cielo; ahora son escombros de una gloria pasada. El padre De la Torre nos cuenta en una parte de su historia que: “comenzaron también a hacer iglesias y casas de los religiosos y el día de hoy (1555 más o menos) están muchas acabadas y tejadas y tan buenas como las hay en muchos pueblos de España de doblados y trasdoblados vecinos que pone admiración lo que en siete y ocho años se ha hecho”.
Qué trabajo, qué sudor, qué agonía deben hacer pasado los indios en esta tarea que sólo servirá para satisfacer la vanagloria de los frailes! Una iglesia pequeña sirve tan bien como una grande. ¿Porqué construir iglesias “tan buenas como las hay en muchos pueblos de España de doblados y trasdoblados vecinos”?. ¿Qué hay ahora?. Sólo ruinas toscas. Los anteriores de las iglesias son oscuros y húmedos, los magníficos techos de bóveda se han caído y son repuestos por tejas o láminas. Este triste ver. Se siente uno deprimido. Se han ido frailes que creían que dominaban al indio, pero nadie domina al indio. El sigue su camino adelante, “Semper eadem”.
Viajé con un carta de presentación a las autoridades, firmada por mi buen amigo Dr. Rafael P. Gamboa, Gobernador del Estado de Chiapas. Presentando esta carta a los Presidentes Municipales, la reacción es inmediata. He viajado en años pasados con otras cartas oficiales y siempre he recibido la ayuda que pedí, dada en una forma oficial. Con la carta del “Doctor” (nadie dice el gobernador) es otra cosa.

Todo el mundo muestra una amistad calurosa y he notado que me ayudan no tanto por la carta oficial, como porque quieren al “Doctor”. Mientras preparaban algo qué comer, me fui al nuevo camino carretero que pasa cerca de San Bartolo.
Dentro de pocos meses se podrá ir desde la costa del Pacífico hasta Pichucalco en automóvil, y se deshará toda la agonía de la cuesta de Tapilula, lo que va a ser el tiro de gracia a Tapilula, Ixhuatán, Soluxuchiapa e Ixtapangajoya. Acabará el tráfico por la famosa cuesta; y estos pueblecitos sólo quedarán en los libros de la historia. Volviendo al pueblo, vi que se acercaba un Norte. Comenzó a lloviznar, pero ¡adelante!.
La bajada por Tapilula a Ixhuatán no es violento, toda vez que hay una diferencia de cerca de 4 leguas; pero en la salida del pueblo, el Norte soltó con toda violencia. Pronto el camino se volvió arroyo y a cada paso resbalaba mi mula. De cuando en cuando, la lluvia cesaba; se levantaron las nubes; y pude ver y oír al Río Teapa, allá en el fondo de una honda barranca. Avanzamos, ora en montañas, ora cruzando pastos donde el ganado estaba “dando cola al viento”.
En los costados de los cerros se veía las milpas recién rozadas. En paisaje sin duda era muy semejante al que vieron los conquistadores y los frailes, con la diferencia de que, ahora hay varias fincas de ganado entre un pueblo y otro. Vademos al Río Salvador, crecido y turbio por la lluvia.
En tiempo de seca los ríos que desembocaban en las márgenes del Teapa son arroyos pintorescos, pero con una hora de lluvia se transforman en monstruos, que braman y truenan.
Acercándose a Tapilula se nota bien el camino de altura. Desaparecen encinos y ocotes dando lugar a la montaña de tierra caliente. Alrededor de las fincas hay plantaciones de cacao y hule, productos de origen americano, lado a lado con campos de caña de azúcar y cafetales que son plantas traídas por los conquistadores desde el Viejo Mundo.
Tapilula (826 M) pueblo de la afamada cuesta, es un pueblo de una hilera de larga casas a cada lado del camino real, desde la cual salen otras calles, unas para abajo y otras cerro arriba.
En el centro del pueblo está la iglesia de los Dominicanos medio en ruinas, pero mejor atendida que otras muchas. Tapilula está en medio de la cuesta. Para arriba, la cuesta alarga hasta Pueblo Nuevo; para abajo va rumbo a Teapa.
Sea como sea una cuesta que da razón para quejarse. Ya tarde, llegué a Ixhuatán. Llovía a chorros y no había parte de mi ropa ni de mi maleta que no estuviera empapada como una esponja. Me apeé frente al cabildo y el Presidente Municipal, Sr. Heriberto Zepeda, me recibió como si fuera yo un hijo de la familia.
Dentro de poco me trajeron una taza grande de café y en menos de media hora fui instalado en un cuartito a un lado de la Presidencia. Ahí descansé todo el día siguiente y tanto señor Zepeda, como el Secretario Sr. Ranulfo López, un anciano de vigor extraordinario, me ayudaron en mi tarea, dándome muchos datos sobre la comarca, y contándome anécdotas graciosas.
Sospecho que Ixhuatán es el lugar del Ingenio de los dos españoles de que habla fray Tomás en su diario; pero no pude comprobármelo. En frente del pueblo, en la margen derecha del Río Teapa, se ve muy clara la silueta de un pueblo antiguo; y como los primeros conquistadores y pobladores españoles siempre buscaban sitios de indios para usarles en sus labranzas, y la ruina antigua indica que antes había un poblado grande en ese lugar, sería muy natural que los españoles la escogieran para su ingenio. Para mí, la bajada entre Ixhuatán y Soloxichiapa resultó lo más penoso.
El río de Teapa entre encajonado y el camino va pegado al peñasco, subiendo para rodear o desechar una punta de cerro y bajando para cruzar un rio tributario. Las lluvias habían detenido a los arrieros y cargadores cerro abajo y ahora venían de subida en hileras de veinte y más mulas que habían entregado cargas de café y cacao.
Volvieron con poca carga. Cinco hombres cargaban cajas con pescado salado a mecapal desde Villahermosa hasta Tuxtla Gutiérrez, volviendo con quesos. Dos semanas de camino, cargando 4 arrobas (50 kilos) alrededor de 6 leguas (24 kilómetros) por día. Me recordé de los indios tamemes, los cargadores de que abusaban tanto los encomenderos, a quienes liberó con sus esfuerzos el obispo de Las Casas, al conseguir que se prohibieran estos servicios en las leyes de libertad de los indios de 1549.
Seguí el camino bajando a un río tributario donde hay una llamada en una quebrada y me imaginé que aquí vivió el buen Pedro Gentil, el de los manteles alemaniscos hasta el suelo y el vino de Guadacanal. Ahí paré para tomar pozol en la orilla del río que hoy se llama Río de las Minas. Con dificultad vadeó mi mula el río, que iba crecido y adelantó paso a paso por el lodo. Nuevas subidas y nuevas bajadas, de las grandes, que los indios tan graciosamente llaman “subiditas y bajaditas”.
A la distancia oí el sonido de una trompeta de caracol, que es señal de que un recua se acerca. Al rato vi dos mulas de carga y un arriero. Echándome a un lado para dejarles pasar, y preguntando si venían más mulas, el hombre contestó que sólo venía el padre, ¡Espíritus del pasado! un padre subiendo la cuesta de Tapilula, en el año de 1944.
Sólo me faltaban ahora algunos consquistadores vestidos en corazas de algodón colchado y cargando arcabuces y ballestas. Me imaginaba que el padre iba a vestir al estilo antiguo, en túnica y descalzo; pero el padrecito vino montado en una mula buena y gorda y cargaba un paraguas, lo que me hizo volver al siglo XX, y al camino malo.
Entre Ixhuatán y Soloxuchiapa (200 m) hay que cruzar cuatro ríos tributarios, todos llenos y bravos; con dificultad se vadearon, llegando al último pueblo cuando estaba poniéndose el sol. Nunca olvidaré este trecho de camino por ser uno de los más malos que he conocido durante veinticinco años de viajar por México y Centro América.
Nunca olvidaré el encajonado del Río Teapa, el camino angosto y resbaloso, los peñascos de piedra calcárea, blanqueando entre los bosques verdes, y la lluvia!.
Soloxuchiapa está asentado en un llano entre rica y vegetación tropical. El hecho de que su iglesia fuera pequeña, según se deduce de las pocas ruinas, que existen todavía, indica que el pueblecito nunca fue de importancia. Es un paraje de arrias y arrieros en donde pasan la noche para poder empezar las siete leguas de subida pesada hasta Ixhuatán, en la madrugada siguiente, o en donde descansasen después de bajar la cuesta.
El valle del Río Teapa es más ancho y los cerros no tan malos como más arriba. Estamos acercándonos a Ixtapangajoya y Teapa, y las planadas y pantanos de Tabasco, en donde Bernal Díaz tenía su encomienda y todavía hoy hay “muy buenas indias”. FRANS BLOM FIN.

Fuente: Tomado de, De la Torre, Fray Tomás. (1982). Desde Salamanca, España hasta Ciudad Real, Chiapas. Diario de Viaje 1544-1545, prólogo y notas por Franz Blom 1944-1945. Primera edición, Talleres gráficos del Estado, Gobierno de Chiapas: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Pp-192-198.

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martes, julio 24, 2012

Una mirada familiar a Los Contreras, de Pichucalco


Julio, 2012

En los últimos años, he estado empecinado por encontrar los rastros de los personajes y las familias que construyeron y habitaron las haciendas de Pichucalco, en la parte noroccidental de Chiapas. Eso me ha llevado a dar con pasados y pasajes de algunos de ellos. Esto me ha permitido, en menor medida, reconstruir algunas historias locales, salpicadas muchas veces, de anécdotas y recuerdos.

Esta vez, es Mitchel Snow, quien a través de su reciente libro Movimiento, ritmo y música: una biografía de Gloria Contreras publicado en 2008 por el Fondo de Cultura Económica, no solo “describe de manera puntual la determinación férrea de Gloria desde su niñez y su vocación innata por el arte de la danza (Snow, 2008: 9), sino incorpora pasajes familiares y  vivencias de la artista mexicana durante sus breves estancias en las fincas de la región de Pichucalco. 

En este caso y para fines de este documento, me limitaré a describir lo relacionado a las cuestiones anecdóticas y familiares de Gloria Contreras, en un intento y como pretexto para explicar la dinámica de la región y algunos hechos relacionados con las familias pichucalqueñas durante el siglo XIX.

Gloria Contreras

Nacida en 1934, Gloria Contreras Roeniger es reconocida mundialmente como la gran coreógrafa mexicana, discípula de grandes artistas como Fierre Vladimiroff, Anatole Oboukhoff, George Balanchine y Felia Doubrovska, entre otros. (CONACULTA: 2012), pero nada la ligaría al terruño chiapaneco, a no ser por sus antepasados de la región de Pichucalco e Ixtacomitán descritos por la propia bailarina con muchos detalles anecdóticos en la obra de Snow.

El libro de Snow parte de la reconstrucción familiar de la historia del abuelo paterno de la coreógrafa, el alemán migrante Herman Roeniger, quien llega a Nueva York y se casa con Elsa Glass;  luego se trasladan a México, donde Roeniger lograr encontrar trabajo en una empresa nacional de electricidad.  

Pero, mejor dejemos  que Snow nos relate de lo que la misma Contreras narra en lo que parece ser su autobiografía:

“Durante varios años, la familia Roeniger llevó una existencia errática, cambiando de residencia cada vez que se terminaba un proyecto. Carmen, la tercera de sus cinco hijos y la única mujer, nació cuando la familia residía en Chiapas […] Carmen era todavía una niña cuando Elsa enfermó de tuberculosis; murió poco después de que la pequeña cumpliera nueve años”.(Snow, op cit:16)

Más tarde, “al morir su padre de un repentino ataque al corazón, Carmen, de 15 años, se convirtió en la verdadera cabeza del hogar en la ciudad de México.  Luego vinieron algunas tragedias familiares como el suicido de su hermano Carlos y el alcoholismo de sus otros hermanos, Pablo, Herman y Alfredo.  

Carmen Boeringer, prefirió mudarse a Mixcoacac-dice Snow- donde conoció al abogado Gregorio Contreras Alvarez de la Cadena. Con el paso del tiempo, Gregorio y Carmen se casaron; de esa unión nació Gloria. No sin antes, enfrentar una tragedia más: el suicidio de la primera prometida de Gregorio Contreras, Carmen Rubio. Un incidente del que no habla la familia Contreras.

El patriarca, Gregorio Contreras

La conexión de Gloria Contreras con el terruño chiapaneco proviene del lado paterno. Su bisabuelo, Gregorio Contreras Lorca pertenecía una tercera generación de familias de connotados hacendados que se asentaron hacia principios del siglo XIX en Pichucalco con la llegada  de Gregorio Contreras Figueroa y dos de sus hermanos- José Antonio y Máxima-, procedentes de Campeche. 

A esta primera generación se les conoció como Los Campechanos  y muy pronto se emparentaron con la familia de Ambrocio Vidal y Josefa Pontigo, dueño de la hacienda Santa Rita Cosauyapa. (Entrevista a Andrés Contreras Rabelo),

Fue así que Gregorio Contreras Lorca- nieto de Gregorio y Josefa Vidal Pontigo- heredó la Hacienda Santa Anita en Ixtacomitán, ubicada sobre las márgenes del río Jana. (Hoy, propiedad la familia Lastra). 

Sobre el bisabuelo hacendado de Gloria, Snow relata:

“El abuelo y la madre de Gregorio fueron artistas consumados, por méritos propios. Gregorio Contreras Lorca, dueño de la hacienda Santa Anita en Chiapas, importó una prensa de Europa para imprimir sus poemas. Tanto el piano de cola como la prensa fueron transportados en mulas. Él fue uno de los tres hermanos Contreras que llegaron de España a Ceiba Playa en Yucatán, hoy conocida como Campeche. 

Con el tiempo Gregorio se estableció en Chiapas y aumentó sus propiedades hasta volverse dueño de cinco ranchos [haciendas]. Para llevar los productos de sus negocios al puerto más cercano, construyó la primera línea férrea de la zona. Después de la muerte de su primera esposa, su prima Celsa Contreras Allipi, se casó en segunda nupcias con una muchacha de 15 años que sobrevivió tanto a Gregorio como a la inmensa fortuna que él había amasado”(op cit: 18).

Todavía años más tarde, “uno de los recuerdos infantiles más vívidos de Gloria es sobre una visita a la hacienda de su bisabuelo, abandonada en aquel entonces. La Legendaria prensa, el piano de cola y el fino mobiliario francés yacían bajo gruesas capas de polvo; una escena que hace pensar en Dickens”. (Ibidem: 19)

Pero la historia de la familia Contreras, no solo es sui generis por la repetición constante de “Gregorios” y “Andrés” en línea paterna como  ocurre en Cien Años de Soledad con “José Arcadio” y “Aureliano”, como tampoco por sus inmensas propiedades o su vasta descendencia  que prevalece aún en Pichucalco, sino por los hechos en los que estuvo implicado y su influencia como hacendado en la región.

De Gregorio Contreras Figueroa se puede decir que en 1829, don Domingo Arraigada y otros miembros del Ayuntamiento de Pichucalco presentaron una solicitud al Gobierno de Chiapas, para que la cabecera del departamento fuera trasladada a Pueblo Nuevo Pichucalco, por considerarla mayor en número de población,  tierras fértiles y por su fácil comercio con Tabasco; pero fundamentalmente, porque unas pocas familias controlaban la administración del gobierno local. Al respecto Manuel B. Trens (1999: 327) señala:

“Pero en lo que principalmente hacían hincapié estos munícipes era en que, debido a la impreparación de la población de Ixtacomitán, una sola familia, la de don Ambrosio Vidal y Doña Josefa Pontigo, formada por los hijos Don José de los Santos, Don Yanuario y don Cecilio, los yernos de Don Gregorio y don José Antonio Contreras y Don Narciso Castro, Don Leocadio Malpica, yerno de don Gregorio, y don Nicolás Labó sobrino de la señora Pontigo, era la que manejaba todos los puestos públicos y disponía de los destinos del partido, lo cual redundaba  en notorio inconveniente de los intereses públicos”.

Por su parte, de Gregorio Contreras Lorca se puede decir que participó en algunos acontecimientos regionales junto al Coronel Eusebio Castillo-quien comandaba las Guardias Nacionales de Juárez en Tabasco- durante una ligera insurrección organizada por Benigno Pardo y Pomposo Costa en Pichucalco. La rebelión motivó ligeras escaramuzas en Ixtacomitán en mayo de 1863.

El parte de guerra, rendido al Comandante y Gobernador de Chiapas, Angel Albino Corzo por don Eusebio Castillo, revelaría que Contreras Lorca y Cornelio Castillo se habían sumando a la guardia nacional en la ciudad de Teapa “para prestar su cooperación y servicios en la persecución del enemigo.”

No obstante el aparente triunfo de las Guardias Nacionales de Juárez en Pichucalco, ahora serían los tabasqueños quienes azolarían a la región. Esta vez, Eduardo G. Arévalo, impuso préstamos forzosos a las haciendas del norte de Chiapas, obligando a algunos finqueros abandonar la región. Desde luego, don Gregorio Contreras Lorca no fue ajeno a los atropellos.

En una carta a la Jefatura de la Prefectura Política del territorio de la Isla del Carmen en la que quedó sometido el territorio tabasqueño, José María Maldonado y Antonio Saury, de la Finca Santa Ana en Pichucalco explicarían la situación en la región del siguiente modo:

Esta villa [de Pichucalco], que pertenece al Departamento de Chiapas, estaba ocupada por fuerzas liberales de su gobierno, y al ser evacuadas (sic) por ellas, a causa de la invasión que hizo el Sr. Ortega se pronuncia espontáneamente por la Intervención y todos sus actos. 

En el momen[to] en que sabe la noticia, [Eduardo G. Arévalo] marcha con su fuerza a la villa pronunciada y la saluda con un préstamo forzoso de cuarenta mil pesos, y, para reunirlos con presteza, manda piquetes de su fuerza por las rancherías y haciendas, con orden de traer presos a respetables y ancianos propietarios, que llegan a la población, en donde, bajo el apremio de las mayores amenazas, se les obliga a exhibir las cuota que les había sido fijada caprichosamente: hubo infeliz que, cuotizado en quinientos pesos de préstamo, y no teniendo por capital sino una pequeña finca de campo, temeroso del insulto y la prisión, la vendiera, recibiendo por cambio los quinientos pesos dichos, que debía pagar, y el saldo a plazos anuales, teniendo que vivir en tanto a la intemperie, con su desolada familia, que, en mala hora y sin crimen alguno, se veía arruinada y condenada al hambre y sus desconsoladoras consecuencias.

De este número son las respetables familias de los señores Salvatierras y Contreras que han emigrado con sus ancianas madres, de ochenta años, dejando abandonadas sus propiedades raíces. (GARCIA, Genaro, 1908: 179-180)

La vida pues del bisabuelo Contreras Lorca había sido un tanto atropellada en una época convulsa para la región.  

Los Alvarez de la Cadena y el rey Alfonso el Sabio

Por su parte, la abuela paterna de Gloria Contreras, Trinidad Alvarez de la Cadena al parecer provenía de una familia española, que había servido en la corte de Alfonso el Sabio-. “El rey Alfonso le agregó  De la Cadena al apellido Alvarez, como castigo al descubrir que ese caballero había sostenido relaciones con una mujer mora” cuenta Snow. 

Pero además, Trinidad Alvarez de la Cadena, tenía dotes de pianista consumada y clarividente. Volvamos a revisar lo que anota Snow sobre ello: 

“Al parecer, Trinidad no sólo se adelanto a su época, sino que además fue clarivente. Cuando estaba viviendo en Pichucalco, soñó que su padre volaba por el cuarto y su casaca negra tomaba la toma de ala; él voló hacia una de las esquinas de la habitación, donde con el techo, lo que hizo despertar a Trinidad. – Mi padre acaba de morir- le dijo a su esposo.- Impresionado, Andrés anotó la fecha y la hora. Meses más tarde, cuando por fin llegó el correo de la Ciudad de México, Trinidad recibió la noticia oficial de la muerte de su padre, ocurrida en la fecha y hora de su sueño”. (Snow, Op cit: 20)

Trinidad Alvarez de la Cadena había conocido a Andrés Contreras cuando él estudiaba medicina en la Universidad Nacional Autónoma de México. Luego, “se fue a vivir con él a la hacienda familiar en Pichucalco, Chiapas”. Al parecer- según los testimonios familiares-habían heredado la finca San Miguel, ubicado entre el rio Ixtacomitán y la población de Pichucalco.

Ella permaneció y administró la hacienda por un largo tiempo, mientras el médico Andrés recorría Chiapas atendiendo las necesidades médicas de las poblaciones rurales. Ahí, tuvieron a sus hijos, Gregorio, Adela y Francisco Contreras. El primero, sería el padre de Gloria. 

La familia Contreras Alvarez de la Cadena, tuvo la necesidad de regresar a la ciudad de México, donde Andrés obtuvo un puesto político en el Gobierno de Porfirio Díaz, pero triunfante la revolución tuvo que abandonar el país rumbo a Cuba, donde trabajo en un hotel, mientras que Adela su hija, hacía oficios de enfermera y administradora. (Op cit: 22)

El padre de Gloria, Gregorio Contreras permaneció en México, donde gozaba de buena reputación, pero “era claro que el corazón de Gregorio se encontraba en San Miguel, el rancho de la familia en Pichucalco”, observa Snow.

Los Contreras y la revolución en Pichucalco.

En el Pichucalco rural de la época de principios del siglo XX, los Contreras y al igual que otras familias regionales, para hacer frente a la revolución: 

“Se las ingeniaron para tener el rancho bajo su control durante la revolución mexicana, dividiendo la tierra en pequeñas parcelas a nombre de los hijos e hijas y presentándolas legalmente como pequeñas propiedades. Aunque todos los hermanos poseían tierras y recibían rentas, Gregorio dirigía las operaciones de la hacienda e invertía todo lo que le quedaba de sus ingresos en la propiedad hasta que la convirtió en un rancho ganadero” (op cit:23).

Pero, Gloria no sólo disfrutaba la convivencia familiar durante su infancia, al menos se evidencian algunas visitas al terruño paterno:

“El recuerdo más grato que Gloria tiene de Pichucalco es el de nadar en el río que cruzaba el rancho. Cerca de la casa de su tío Andrés, bajo un árbol verde, el río formaba un pequeño estanque y la corriente disminuía; era una poza ideal para que todos nadaran”. (Ibídem).

Pero,  además, sus hermanas observaban con mucha atención algunos hechos que ocurrían sobre la población indígena, sobre todo en la región Altos de Chiapas:

“Cuando íbamos a San Cristóbal, todavía siendo muy jóvenes, podíamos observar la situación denigrante en la que vivían los indígenas, Mi padre nos explicó que les pagaban con alcohol para mantenerlos borrachos. Este problema era más notorio entre los Chamula, cuenta Elsa”.

Esta mirada hacia Los Contreras, a partir de los apuntes de Mitchel Snow relatado por la propia Gloria, permite retratar algunos aspectos de la vida cotidiana de las familias hacendadas pichucalqueñas del siglo XIX, pero sobre todo, permiten comprender el proceso histórico de esta región como las relaciones de poder y la economía doméstica familiar.

FUENTES CONSULTADAS

- CONTRERAS RABELO, Andrés.(2012).-Comunicación electrónica. Entrevista. 21 de julio, 2012. Pichucalco, Chiapas.  

- CONSEJO NACIONAL PARA LA CULTURA Y LAS ARTES. (2012). Comunicado Número 1185. Consultado 21 de julio, 2012 en http://www.conaculta.gob.mx/sala_prensa_detalle.php?id=20986

- GARCIA, Genaro. (1908). Documentos inéditos o muy raros para la Historia de México. La Intervención Francesa en México, según el Archivo del Mariscal Bazaine, segunda parte.  Vol. XVI. Librería de la Vda. De Ch. Bauret. México DF.

- SNOW, Mitchell. (2008). Movimiento, ritmo y música: Una biografía de Gloria Contreras. Fondo de Cultura Económica, España.

- TRENS, Manuel B. (1999). Historia de Chiapas. Desde los tiempos más remotos hasta la caída del Segundo Imperio (¿...1867). vol. III. Coneculta Chiapas. 



Actual hacienda Santa Anita, ubicado en las márgenes del arroyo Janá, en Ixtacomitán.



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domingo, febrero 05, 2012

Convenio de Ixtacomián: algo de su historia

Convenio de Ixtacomitán, 12 de diciembre de 1841[1]

Convenios celebrados entre Tabasco y el supremo gobierno de la nación, por medio de los cuales el departamento acepta jurar las bases de Tacubaya a cambio de la apertura de los puertos al comercio nacional.


En la villa de Ixtacomitán, a los doce días del mes de diciembre de 1841; reunidos el señor coronel don Rafael Belchez, y los señores comandante de batallón, don Félix Renero y capitán don Luis Guerrero, comisionado el primero por el señor don Francisco de Sentmanat, comandante general de Tabasco, y los dos últimos por el señor comandante general de Chiapas, a nombre del supremo gobierno de la nación, con el objeto de discutir y acordar las bases que pongan término a la guerra civil que por desgracia ha habido; y después de canjeados sus poderes, convinieron en los artículos siguientes:


Primero. Que a virtud de estar ratificados los tratados celebrados en el mes de octubre del presente año. entre el teniente coronel don Alonso Fernández, comisionado en aquella vez por el benemérito de la patria, general don Antonio López de Santa Anna, como general en jefe de las fuerzas regeneradoras de la República, con el gobierno de Tabasco, este último jurará y hará jurar las bases del Plan de Tacubaya, de 25 de septiembre último, caso que no lo haya verificado; por cuyo convenio se echará un olvido general a todo lo pasado, y al efecto, no se perseguirá a individuo alguno, poniéndose en libertad a los presos que hayan tomado parte en las disensiones políticas, exceptuándose de este artículo a los que estén por causas pendientes por delitos comunes.


Segundo. El comercio de mar y tierra queda desde este momento abierto y protegido en todos los puertos y lugares de la República con sujeción a las leyes generales.


Tercero. Los pueblos de distrito norte, que por sus convulsiones políticas se habían separado del departamento de Chiapas, y agregado al de Tabasco, vuelven éstos a reconocer su origen, sujetándose a las disposiciones del gobierno departamental.


Cuarto. El gobierno de Tabasco se compromete a auxiliar con fuerza armada al de las Chiapas, cuando por éste sea requerido, para que las disposiciones de este último tengan su puntual y debido cumplimiento en los pueblos de dicho distrito, por no convenir, y principalmente en Pichucalco, se introduzca fuerza de Chiapas ínterin a sus vecinos los desaparece cualquiera temor de que estén poseídos, retirándose también la guarnición de Tabasco, que a la fecha hay en dicho pueblo.


Quinto. Las fuerzas voluntarias que manda don Rafael Barberí, en los puntos limítrofes de Tabasco, desde esta fecha se reconcentrarán a otro, que no sea fronterizo al citado Tabasco.


Sexto. Los deudores de la hacienda pública, que bajo el pretexto de los asuntos políticos se hayan querido eximir del pago, mutuamente serán entregados a las autoridades por quienes sean reclamados.


Séptimo. Los correos, tanto para lo interior de la República, como para las Chiapas, volverán a tener su curso como antes.


Octavo. Tanto la adhesión a las bases del plan de Tacubaya, como estos convenios, serán publicados y circulados, después de estar ratificados por quienes corresponde.


Noveno. Los expresados convenios serán ratificados a los diez días de firmados éstos por los comisionados de una y otra parte, quedando suspenso desde la fecha, todo acto hostil.


Rafael Belchez, Félix Renero, Luis Guerrero. Ratificado. Quedan ratificados a nombre del señor comandante general del departamento de Chiapas los nueve artículos que comprende el antecedente convenio, hasta la aprobación del supremo gobierno de la nación.

[Por Chiapas][ San Cristóbal, diciembre dieciséis de mil ochocientos cuarenta y uno.

Manuel Peláez

[Por Tabasco] San Juan Bautista, diciembre dieciocho de mil ochocientos cuarenta y uno.

Francisco de Sentmanat



[1] Fuente: Diario del Gobierno, 13 de enero de 1842. University of St Andrews (USA), en Planes en la nación mexicana. Libro cuatro: 1841-1854 (Mexico City: Senado de la República/El Colegio de México, 1987), pp. 116-117.

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domingo, diciembre 04, 2011

De presbítero a finquero: una historia de Ixtacomitán

La historia de Mariano Mejía, de presbítero a finquero

La siguiente historia se ubica en la primera mitad del siglo XIX en el departamento de Pichucalco, concretamente en los municipios de Ixtacomitán y Solosuchiapa, ambos pueblos zoques rodeados por las montañas del norte de Chiapas y caudalosos ríos que van a dar a Tabasco, en el Golfo de México.

A partir de Tapilula hasta Pichucalco, el paisaje verde de las montañas y el clima sofocante del trópico puede apreciarse y sentirse en todo el trayecto. Las inclinadas pendientes y los arroyos hicieron difícil el caminar de humanos y bestias de cargas de Tabasco hacia San Cristóbal y Tuxtla Gutiérrez hasta mediados del siglo XX. Eran caminos inhóspitos e intransitables para el comercio.

Los habitantes de estos pueblos, mayormente zoques, eran utilizados por los hacendados como bestias de cargas para el comercio con Tabasco, Ciudad Real, Tehuantepec y Veracruz. Los finqueros se ocupaban de sus haciendas de cacao ubicadas en las márgenes del rio Ixtacomitán hasta la Ribera del Blanquillo en Pichucalco.

Algunas de las haciendas como “Nuestra Señora del Rosario” y “La Concepción” en Ixtacomitán aun permanecían en manos de la Iglesia quien las administraba desde Ciudad Real, para sostener a un colegio de niñas.

Ese parece ser el ambiente que prevalecía en la región cuando el actor principal de nuestra historia irrumpió en los pueblos del norte de Chiapas, hacia 1848.

La selva de la Zacualpa.

Expulsado de España, Mariano Mejía un sacerdote católico encontró en las tierras frías de Comitán el lugar idóneo para continuar con su oficio sacerdotal en la parroquia local.

Ahí, su vida se habría de cruzar con la de Juana María Zepeda, una viuda joven adinerada, a quienes sus padres prohibían visitar cualquier otro lugar que no fuera la iglesia, tras haber sostenido una relación sentimental con un oficial militar, del cual nació su primer hijo, Amado Everardo Zepeda.

Mariano Mejía, según cuenta uno de sus descendientes, “se fascinó con la viuda y fue correspondido, de modo que, el presbítero colgó los hábitos y juntos huyeron hacia la selva. Se establecieron cerca de un río, Arroyo la Sierva [Río La Sierra[, donde levantaron una finca, previa y lógica ayuda y explotación de indígenas.”[1]

A la finca la llamaron Santa Fe La Zacualpa, edificada en medio de la selva de Solosuchiapa, entre el camino que conduce a Ixhuatán por el sur, y por el norte rumbo a Ixtacomitán e Ixtapangajoya. Frente a la hacienda, dos montañas dominaban el paisaje tropical. A la postre, el lugar sería un emporio minero en la región.

Tan pronto llegó a la zona, el cura Mariano Mejía se encargó de ofrecer las misas en la parroquia de la Santísima Trinidad de Ixtacomitán, distante a unos 30 kilómetros de la finca, donde inició amistad con los principales hacendados de la región como las familias Pastrana, Contreras y Vera, tanto que, el hijo de Juana María Cepeda, Amado Everardo habría de emparentarse con la familia Pastrana.

Pese a ser un cura católico, Mariano Mejía y Juan María procrearon en la finca La Zacualpa a sus hijos Manuel Heraclio, Rafael, Enrique, Margarita y Luz, todos de apellido Zepeda, y no Mejía, como debió ser. En el pueblo de Ixtacomitán era un secreto a voces que, el presbítero vivía en la parroquia, mientras, Juana María lo hacía en la finca Santa Fe La Zacualpa.

“Cuando faltaba el dinero, Juana María le confeccionaba sotanas a Mariano y éste iba a los pueblos a pedir limosna. De una de aquellas correrías trajo a la finca un telescopio y El Clavecin bien temperado[2]

No obstante su condición de padre de familia, Mariano Mejía pudo ganarse el afecto de casi toda la región de Ixtacomitán como sacerdote. Muestra de ello, ocurrió en noviembre de 1852, cuando don Clemente España, avecindado del pueblo, ordenó fundir una campana en honor a Mejía, que hicieron colgar en el campanario de la iglesia. La campana aun permanece aun en la torre principal de la parroquia de la Santísima Trinidad de Ixtacomitán.[3]

Los años de Mejía en la región fueron turbulentos, pues, con las leyes expedidas durante la Reforma, a partir de 1854 con la promulgación del Plan de Ayutla que desencadenó en la Guerra de la Reforma, se trastocó la vida de la iglesia y de los párrocos, particularmente con los bienes eclesiásticos y la expulsión de los jerarcas católicos.

Mariano Mejía, como era de esperarse, se inclinó por defender la actuación de la iglesia, particularmente la del Obispo de San Cristóbal Carlos María Colina y Rubio quien se oponía a la nacionalización de los bienes eclesiásticos y al gobierno de Chiapas.

La actividad política en la región de Mariano Mejía se habría hecho notar tras la promulgación de la Constitución de 1857 que afectaba los bienes de la iglesia, por lo que, pronto mostró su animadversión hacia el Presidente Juárez y al grupo de liberales que gobernaban la entidad como Angel Albino Corzo.

Mientras el conflicto crecía con la Iglesia por la promulgación de las Leyes de la Reforma, la detención de las autoridades católicas en Chiapas parecían desencadenar en la expulsión de los sacerdotes y obispos, entre ellos, Carlos María Colina y Rubio y el propio Mariano Mejía.

El mismo Presidente Juárez, instalado en Veracruz, ordenó la detención de los líderes católicos de Chiapas, según una carta remitida al Gobernador Angel Albino Corzo el 13 de octubre de 1859.

“Al Obispo [se refiere a Colina y Rubio] debe V. mandarlo prender y remitirlo para este puerto [de Veracruz], por la vía de Tabasco, lo mismo que a los demás cabecillas y frailes revoltosos pues no es bueno mandarlos a Centroamerica….Obre V. dictando cuantas medidas demanden las circunstancias en el concepto de que se aprobará cuanto V. hiciere..Q.B.S.M Benito Juárez”[4]

El Obispo Carlos María Colina y Rubio fue detenido y expulsado a Guatemala, pero la suerte y el destino de Mariano Mejía fue distinta. En febrero de 1860 fue apresado por órdenes del Gobernador de Chiapas.

El 21 de febrero de ese año, el capitán de las guardias nacionales de Pichucalco, Feliciano Zapata, por órdenes del comandante militar de Chiapas, don Angel Albino Corzo, capturó en Ixtacomitán al presbítero Mariano Mejía para trasladarlo a Veracruz, vía Tehuantepec Oaxaca y Minatitlán.

Cuando era trasladado de Tehuatepec hacia Veracruz, el presbítero Mariano Mejía intentó fugarse pero fue asesinado a tiros por la espalda cerca de un rio de la finca San Mateo, por un piquete de soldados de la guardia nacional. El Gobernador de Chiapas se enteró del suceso del propio Zapata, del siguiente modo.

“Con motivo de que el dia de hoy caminaba yo a pie a causa de que en la hacienda de San Mateo no me fue posible encontrar bagaje, el presbítero D. Mariano Mejía a quien de orden superior conducía preso a Tehuantepec, aprovechándose de aquella oportunidad intentó fugarse al pasar un río que hay que atravesar; más como la tropa iba instruida por mí de lo que debía hacer en tales casos cumpliendo con mis órdenes le fuego en la carrera, dando por resultado el que quedarse muerto dicho padre en el campo”.[5]

La ejecución de Mejía cimbró a la región, tanto que, el Gobernador del Estado, Angel Albino Corzo, cuatro días después del asesinato, ordenó la detención de Feliciano Zapata y una investigación de los hechos “acumulándose a este expediente las comunicaciones que le fueron entregadas por el gobierno interróguense uno a uno sobre los motivos y demás circunstancias que a verificarlo dieron lugar, nombrando para este efecto para fiscal al oficial D. Vicente López,”[6]

Una vez practicadas las diligencias, el 02 de marzo, el oficial Vicente López rindió su informe al Gobernador de Chiapas, justificó el asesinato del Padre Mejía, en una obligación del Jefe de la escolta:

“La responsabilidad del jefe y escolta que conducía al que fue víctima, si bien se quiere por su propia voluntad pues que escapando montado en una mula y a toda carrera a la vez que sus custodias caminaba a pie, no basto a contenerse que le marcaran el alto, ni que le persiguiesen unos espacios, hasta que sin esperanza de alcanzarlo, el debe y la obligación de responder por él, lo colocó en el duro, pero preciso caso de hacerle fuego, como lo ejecutaron, haciéndolo caer espirante para morir después. Tal es lo que ha pasado”.[7]

Tras este informe del oficial Vicente López, el 5 de marzo de 1860, el gobernador Angel Albino Corzo ordenó la liberación de Feliciano Zapata y sus escoltas, no sin antes, reiterar que la muerte del cura se debía a que éste emprendió la fuga para burlarse y, “comprometer a sus custodios y quedar en aptitud de seguir conspirando como antes lo había hecho contra la causa de la legalidad”[8] . El caso fue sobreseído.

Sin embargo, a don Angel Albino Corzo, el asesinato de Mejía habría de costarle el descrédito por parte de sus detractores políticos como Julián Grajales, el guatemalteco Jaime Velasco y el periódico El Baluarte. Sobre el asunto, Corzo tuvo que dedicar diversas explicaciones en su “Segunda Reseña de Sucesos Ocurridos en Chiapas”, escrito en 1868.

Una versión, contada por Eraclio Zepeda Ramos, señala que, tras la muerte de Mariano Mejía, doña Juana María Zepeda ordenó a su hijo Manuel Heraclio, vengar la muerte de su padre.

Solemnemente le entregó el caballo, la escopeta y la espada del cura y le ordenó: “levántate en armas. Vete a matar a Contreras”. Mi abuelo la obedeció y entró en Pichucalco enarbolando la bandera republicana. Contreras al verse derrotado, salió huyendo a caballo y para protegerse las espaldas puso a su hijo menor sentado atrás de él. En un traspié del caballo el niño salió disparado y cayó en las hojas enormes de una planta que se llama capote. Contreras tenía lo que se llama “furia”, o sea, un mechón en la frente y todo lo demás calvo. Mi abuelo le disparó. La bala arrancó el mechón a Contreras y Eraclio volvió triunfal a la hacienda con la “furia” de Contreras en la punta del sable.[9]

Los descendientes del presbítero Mariano Mejía permanecieron en la región. La familia Everardo vivió en Ixtacomitán y luego en Pichucalco. Los Zepeda, algunos se asentaron en Ixhuatán y otros en Tuxtla Gutiérrez y San Cristóbal.

En 1892, la finca La Zacualpa terminó devastada por una tromba que azotó a la región y un siglo después, terminó en manos de campesinos que lo invadieron derivado de la irrupción zapatista de 1994. Hoy, el casco principal de la ex hacienda es una escuela primaria.



[1] PACHECO, Cristina. (2001).- Al pie de la letra. Fondo de Cultura Económica. México, DF. Pág. 154.

[2] Ibidem, pág. 154.

[3] CONACULTA. (1999). Catalogo Nacional de Monumentos Históricos Inmuebles del Estado de Chiapas. Tomo III. CONACULTA. México, DF. Pág. 436.

[4] POLA, Angel. (1906). Miscelánea, comunicados, respuestas, iniciativas, dictámenes, informes, brindis, etc de Benito Juárez. México, Pág. 329 y 330.

[5] CORZO, Angel Albino. Segunda Reseña de sucesos ocurridos en Chiapas. De 1847 a 1867. P. de T.F NEVE. Callejón del Espíritu Santo. 1868. Reimpresa por el Gobierno del Estado de Chiapas. Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. 1958-1964. Pág. 166.

[6] Ibidem. pág. 167.

[7] Ibidem. pág. 168.

[8] Op. Cit. Pág. 168.

[9] PACHECO, Cristina. Op. Cit. Pág. 155.

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jueves, diciembre 01, 2011

Una historia de San Bartolomé Solistahuacán en el siglo XIX: (Hoy Rayón)

San Bartolo Solistahuacán[1]
Por Emilio Rabasa E.


Cuesta arriba y por caminos que no labró la industria humana sino que abrieron y ahondaron el cacle del indio y la pezuña de la bestia, iba yo en un dia primaveral de 1880 acercándome al rancho llamado “Las Nubes” en el camino que va de Tuxtla Gutiérrez (Chis) a la capital de Tabasco, y el rancho justificó su nombre con una niebla blanquísima que me envolvió durante quince minutos dejándome empapado en agua.
Mi mozo y yo, caballeros en sendas mulas, íbamos, como he dicho, cuesta arriba porque en el trayecto de un Estado al otro se sube mucho por una sierra espléndida, para bajar después mucho más y llegar a los bajos de los campos fértiles y a veces pantanosos de las tierras tabasqueñas.
No me detendré a describir la extraordinaria belleza de la vegetación de aquel camino, en el cual acabamos de pasar por un bosque de helechos arborescentes de más de un kilómetro de largo y más de diez metros de alto; pero sí es del caso decir que yo me sentía, a pesar de mi fresca juventud y de mi hábito de caminante por las sierras, lleno de una nerviosidad en que se juntaban, para producirla, las bellezas incomparables de la naturaleza, los positivos riesgos del camino formado de escalones de piedra y lodo, a menudo con un precipicio que se ladeaba con dificultad; pero a esto había que añadir que habría yo de rendir la jornada en San Bartolo Solistahuacán[2], que no estaba ya muy distante y del que tenía yo una noticia capaz de preocupar al viajero más experimentado.
Sabía yo que San Bartolo era un pueblo de indios enteramente incultos que veían con malos ojos a los pasajeros blancos y era bien conocido en todo el centro del Estado la triste aventura de un viajero poco informado. Es el caso que un comerciante en pequeño de San Cristóbal las Casas don Onecíforo Baquerizo, a quien conocí, y que además de llevar ese nombre tenía en lo físico bien pronunciadas las líneas generales de Don Quijote, hubo de hacer noche en San Bartolo, se hospedó en el único alojamiento que los indios permitían, la casa municipal, y cuando tranquilamente tomaba su pobre cena fue sorprendido por los concejales que le aplicaron una paliza porque lo encontraron sentado en el sillón con brazos del Presidente del Ayuntamiento.
Don Onecíforo ignoraba la condición sagrada de la silla, desconocía los reglamentos consuetudinarios del pueblo y sufrió el castigo con la resignación que al fin y al cabo suele ser un consuelo.



Notas:

[1] Fragmento de “San Bartolo Solistahuacán” texto publicado en el diario “Excelsior”, los días 30 y 31 de diciembre de 1929, por Emilio Rabasa Estebanell, ex gobernador de Chiapas. Tomado de SERRA ROJAS, Andrés.(1969). Antología de Emilio Rabasa. Volúmen I. Ediciones Oasis. México DF. Pág.- 287-289.

[2] Pueblo zoque ubicado en la región norte de Chiapas, colindante a los municipios de Pueblo Nuevo Solistahuacán y Tapilula. Antiguamente se conocía al pueblo como San Bartolo, luego fue conocido como San Bartolomé Solistahuacán; con la política anticlerical predominante en el siglo XX, el nombre del municipio fue cambiado por el de Rayón. Es conocido por la Selva Negra, reserva que durante la mayor parte del año se cubre con una espesa neblina.

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