http://photos1.blogger.com/blogger/7442/2375/1600/blog1.0.jpg(otra portada) El sur: La cuesta de Tapilula: 1944

martes, marzo 26, 2013

La cuesta de Tapilula: 1944


Por Frans Blom


Cuatrocientos veinte años después de Bernal Díaz del Castillo y cuatrocientos años después de los frailes, atravesé una gran parte del mismo camino, con la “Historia Verdadera” de Bernal Díaz y el Diario de Fray Tomás en mil alforjas y puedo atestiguar ampliamente que en estas sierras hay pasos muy malos “así de subir como de bajar” y que fray Tomas tiene razón cuando dice “que los demonios habían hecho aquellos caminos para despeñar hombres”. 
No creyendo que un estudio histórico de esta índole debe hacerse solamente “de gabinete”, en varias ocasiones he visitado Campeche, Champotón, la Isla de Términos y otros lugares mencionados en el diario de viaje de fray Tomás de la Torre. 
Hice el recorrido entre Ciudad Real (Hoy Ciudad de las Casas) hasta San Andrés Chamula, cómodamente en un automóvil puesto a mi disposición por mi fino amigo don Erasto Urbina, Presidente Municipal de Ciudad Las Casas y con el señor Miguel M. Solís, como introductor a las autoridades locales. 
En el mes de marzo de 1944, trescientos noventa y nueve años después de los padres Dominicos bajé la cuesta de Tapilula y para hacer mi viaje en conformidad con las experiencias de los frailes el dios de la lluvia proporcionó un Norte feroz: “llovía a cántaros”. 
Las altiplanicies de Chiapas son frescas y agradables; el paisaje es lindo y los caminos cruzan cerros y valles. Los vientos soplan en los ocotales, encinales y robledales. El mes de marzo es el mes de las flores de variados colores y de múltiples olores. La vida es rica y encantadora. 
Aquí y allá se está entremetiendo la vida moderna; caminos de automóvil están penetrando a muchas partes del riquísimo Estado y el apeste del humo de gasolina se mezcla con el perfume de la junefa. Los cerros y los ríos y los valles son los mismos de hacer cuatrocientos años, de hace dos mil años; y la vida de los indios corre su camino siempre. Poco se ha cambiado a través de los siglos. 
El centro de la vida es la iglesia erigida en el lugar en donde antes estaba el templo de los dioses y el buen maíz rige sobre todos. La ruta de Bernal Díaz del Castillo desde Chamula hasta Tapilula y de fray Tomás de la Torre desde Tapilula hasta Ciudad Real, es poco claro; pero sin duda siguieron caminos indígenas, conocidos centenares de años anteriores. Subieron cuestas paradas por veredas en zig-zag hasta llegar a las lomas y continuaron a lo largo del espinazo angosto de las lomas con barrancas hondas a los lados hasta llegar a la bajada. Cruzaron unas planadas y otra subieron y bajaron. Hora tras hora, lengua tras legua. 
Los caminos de herradura son más largos y menos violentos y los del automóvil son muchos más largos todavía, y poco se vé del paisaje por la rapidez del progreso. Hay dos clases de lenguas en las tierras de Tabasco y Chiapas, donde viajaban los conquistadores y frailes. La una es la legua de Tabasco que, es la legua horizontal, a veces bajo el agua; la otra, es la legua vertical de Chiapas.
De esta última hay dos sub-clases: las leguas verticales que van para arriba y las leguas verticales que van para abajo. Así es Chiapas. Tomando el camino más probable, vemos en menos de 109 kilómetros en línea horizontal entre Teapa y Ciudad Real (Las Casas) hay los siguientes cambios de altura sobre el nivel del mar: Teapa 72 m Ixtapangajoya 110 ” Soloxuchiapa 200 ” Ixhuatán 481 ” Tapilula 826 ” San Bartolo 1337 ” Pueblo Nuevo 1636 ” Jitotol 1340” Plátanos 1230 ” San Andrés 1275 ” Chamula 1670 ” Ciudad Real (Las Casas) 2113 ” 
Esto quiere decir la altura de los pueblos mencionados que casi siempre se encuentran en un plan, y entre ellos, hay más altos todavía.
En la madrugada hace frío en los altos y las nubes envuelven todo con su humedad. Sale humo de los techos de paja de las casas donde las mujeres están preparando el desayuno para sus hombres. Se ore el continuo “holi, holi, huqui, huqui” como dicen en el popol-vuh de las manos de piedra sobre los metales.
Se levanta el sol y con él la neblina. Pasamos por bellos ocotales sembrado como un jardín, atravesamos lugares abiertos en donde pasta el ganado y las mulas de los indios chamulas. Así son los alrededores de Chamula, San Andrés y Jitotol.
Empieza la cuesta. En la cumbre de los cerros, los árboles de la montaña tropical se mezclan con los ocotes y encinos. Llegamos a Pueblo Nuevo Solistahuacán (1636 m), un pueblo casi enteramente de indios Zoques. Ya dejamos los indios de habla zotzil o los quelenes atrás. Desde aquí hasta más allá de Teapa domina la lengua Zoque: una lengua que tiene poca semejanza a las de las naciones de la familia Maya; una isla de lengua afiliada con el Mixe, en el lejano Oaxaca central.
Empieza la bajada de la cuesta de Tapilula. Todavía estamos entre ocotales. El camino baja 300 metros en una corta distancia horizontal pero da vuelta y más vuelta. La mula avanza paso a paso, y las piedras sueltas ruedan hasta el fondo de las barrancas. Se abre una vista entre los árboles y miramos la cañada del Río Teapa.
En la orilla de este río va el camino, abajo, abajo, legua tras legua; y son leguas de Chiapas. Entramos a San Bartolo Solistahuacán (1337 M) pueblo triste dominado por un enorme cajó de piedra, que es lo que antes era una de las muchas iglesias grande los frailes Dominicanos. Todos estos pueblos de la tierra Zoque que antes estaban bajo el dominio del Convento de Tecpatán, parecen pequeños y casi aplastados por el enorme bulto y peso de la ruina de la iglesia que está en su centro.
Se levantan las paredes, altas y pesadas hasta el cielo; ahora son escombros de una gloria pasada. El padre De la Torre nos cuenta en una parte de su historia que: “comenzaron también a hacer iglesias y casas de los religiosos y el día de hoy (1555 más o menos) están muchas acabadas y tejadas y tan buenas como las hay en muchos pueblos de España de doblados y trasdoblados vecinos que pone admiración lo que en siete y ocho años se ha hecho”.
Qué trabajo, qué sudor, qué agonía deben hacer pasado los indios en esta tarea que sólo servirá para satisfacer la vanagloria de los frailes! Una iglesia pequeña sirve tan bien como una grande. ¿Porqué construir iglesias “tan buenas como las hay en muchos pueblos de España de doblados y trasdoblados vecinos”?. ¿Qué hay ahora?. Sólo ruinas toscas. Los anteriores de las iglesias son oscuros y húmedos, los magníficos techos de bóveda se han caído y son repuestos por tejas o láminas. Este triste ver. Se siente uno deprimido. Se han ido frailes que creían que dominaban al indio, pero nadie domina al indio. El sigue su camino adelante, “Semper eadem”.
Viajé con un carta de presentación a las autoridades, firmada por mi buen amigo Dr. Rafael P. Gamboa, Gobernador del Estado de Chiapas. Presentando esta carta a los Presidentes Municipales, la reacción es inmediata. He viajado en años pasados con otras cartas oficiales y siempre he recibido la ayuda que pedí, dada en una forma oficial. Con la carta del “Doctor” (nadie dice el gobernador) es otra cosa.

Todo el mundo muestra una amistad calurosa y he notado que me ayudan no tanto por la carta oficial, como porque quieren al “Doctor”. Mientras preparaban algo qué comer, me fui al nuevo camino carretero que pasa cerca de San Bartolo.
Dentro de pocos meses se podrá ir desde la costa del Pacífico hasta Pichucalco en automóvil, y se deshará toda la agonía de la cuesta de Tapilula, lo que va a ser el tiro de gracia a Tapilula, Ixhuatán, Soluxuchiapa e Ixtapangajoya. Acabará el tráfico por la famosa cuesta; y estos pueblecitos sólo quedarán en los libros de la historia. Volviendo al pueblo, vi que se acercaba un Norte. Comenzó a lloviznar, pero ¡adelante!.
La bajada por Tapilula a Ixhuatán no es violento, toda vez que hay una diferencia de cerca de 4 leguas; pero en la salida del pueblo, el Norte soltó con toda violencia. Pronto el camino se volvió arroyo y a cada paso resbalaba mi mula. De cuando en cuando, la lluvia cesaba; se levantaron las nubes; y pude ver y oír al Río Teapa, allá en el fondo de una honda barranca. Avanzamos, ora en montañas, ora cruzando pastos donde el ganado estaba “dando cola al viento”.
En los costados de los cerros se veía las milpas recién rozadas. En paisaje sin duda era muy semejante al que vieron los conquistadores y los frailes, con la diferencia de que, ahora hay varias fincas de ganado entre un pueblo y otro. Vademos al Río Salvador, crecido y turbio por la lluvia.
En tiempo de seca los ríos que desembocaban en las márgenes del Teapa son arroyos pintorescos, pero con una hora de lluvia se transforman en monstruos, que braman y truenan.
Acercándose a Tapilula se nota bien el camino de altura. Desaparecen encinos y ocotes dando lugar a la montaña de tierra caliente. Alrededor de las fincas hay plantaciones de cacao y hule, productos de origen americano, lado a lado con campos de caña de azúcar y cafetales que son plantas traídas por los conquistadores desde el Viejo Mundo.
Tapilula (826 M) pueblo de la afamada cuesta, es un pueblo de una hilera de larga casas a cada lado del camino real, desde la cual salen otras calles, unas para abajo y otras cerro arriba.
En el centro del pueblo está la iglesia de los Dominicanos medio en ruinas, pero mejor atendida que otras muchas. Tapilula está en medio de la cuesta. Para arriba, la cuesta alarga hasta Pueblo Nuevo; para abajo va rumbo a Teapa.
Sea como sea una cuesta que da razón para quejarse. Ya tarde, llegué a Ixhuatán. Llovía a chorros y no había parte de mi ropa ni de mi maleta que no estuviera empapada como una esponja. Me apeé frente al cabildo y el Presidente Municipal, Sr. Heriberto Zepeda, me recibió como si fuera yo un hijo de la familia.
Dentro de poco me trajeron una taza grande de café y en menos de media hora fui instalado en un cuartito a un lado de la Presidencia. Ahí descansé todo el día siguiente y tanto señor Zepeda, como el Secretario Sr. Ranulfo López, un anciano de vigor extraordinario, me ayudaron en mi tarea, dándome muchos datos sobre la comarca, y contándome anécdotas graciosas.
Sospecho que Ixhuatán es el lugar del Ingenio de los dos españoles de que habla fray Tomás en su diario; pero no pude comprobármelo. En frente del pueblo, en la margen derecha del Río Teapa, se ve muy clara la silueta de un pueblo antiguo; y como los primeros conquistadores y pobladores españoles siempre buscaban sitios de indios para usarles en sus labranzas, y la ruina antigua indica que antes había un poblado grande en ese lugar, sería muy natural que los españoles la escogieran para su ingenio. Para mí, la bajada entre Ixhuatán y Soloxichiapa resultó lo más penoso.
El río de Teapa entre encajonado y el camino va pegado al peñasco, subiendo para rodear o desechar una punta de cerro y bajando para cruzar un rio tributario. Las lluvias habían detenido a los arrieros y cargadores cerro abajo y ahora venían de subida en hileras de veinte y más mulas que habían entregado cargas de café y cacao.
Volvieron con poca carga. Cinco hombres cargaban cajas con pescado salado a mecapal desde Villahermosa hasta Tuxtla Gutiérrez, volviendo con quesos. Dos semanas de camino, cargando 4 arrobas (50 kilos) alrededor de 6 leguas (24 kilómetros) por día. Me recordé de los indios tamemes, los cargadores de que abusaban tanto los encomenderos, a quienes liberó con sus esfuerzos el obispo de Las Casas, al conseguir que se prohibieran estos servicios en las leyes de libertad de los indios de 1549.
Seguí el camino bajando a un río tributario donde hay una llamada en una quebrada y me imaginé que aquí vivió el buen Pedro Gentil, el de los manteles alemaniscos hasta el suelo y el vino de Guadacanal. Ahí paré para tomar pozol en la orilla del río que hoy se llama Río de las Minas. Con dificultad vadeó mi mula el río, que iba crecido y adelantó paso a paso por el lodo. Nuevas subidas y nuevas bajadas, de las grandes, que los indios tan graciosamente llaman “subiditas y bajaditas”.
A la distancia oí el sonido de una trompeta de caracol, que es señal de que un recua se acerca. Al rato vi dos mulas de carga y un arriero. Echándome a un lado para dejarles pasar, y preguntando si venían más mulas, el hombre contestó que sólo venía el padre, ¡Espíritus del pasado! un padre subiendo la cuesta de Tapilula, en el año de 1944.
Sólo me faltaban ahora algunos consquistadores vestidos en corazas de algodón colchado y cargando arcabuces y ballestas. Me imaginaba que el padre iba a vestir al estilo antiguo, en túnica y descalzo; pero el padrecito vino montado en una mula buena y gorda y cargaba un paraguas, lo que me hizo volver al siglo XX, y al camino malo.
Entre Ixhuatán y Soloxuchiapa (200 m) hay que cruzar cuatro ríos tributarios, todos llenos y bravos; con dificultad se vadearon, llegando al último pueblo cuando estaba poniéndose el sol. Nunca olvidaré este trecho de camino por ser uno de los más malos que he conocido durante veinticinco años de viajar por México y Centro América.
Nunca olvidaré el encajonado del Río Teapa, el camino angosto y resbaloso, los peñascos de piedra calcárea, blanqueando entre los bosques verdes, y la lluvia!.
Soloxuchiapa está asentado en un llano entre rica y vegetación tropical. El hecho de que su iglesia fuera pequeña, según se deduce de las pocas ruinas, que existen todavía, indica que el pueblecito nunca fue de importancia. Es un paraje de arrias y arrieros en donde pasan la noche para poder empezar las siete leguas de subida pesada hasta Ixhuatán, en la madrugada siguiente, o en donde descansasen después de bajar la cuesta.
El valle del Río Teapa es más ancho y los cerros no tan malos como más arriba. Estamos acercándonos a Ixtapangajoya y Teapa, y las planadas y pantanos de Tabasco, en donde Bernal Díaz tenía su encomienda y todavía hoy hay “muy buenas indias”. FRANS BLOM FIN.

Fuente: Tomado de, De la Torre, Fray Tomás. (1982). Desde Salamanca, España hasta Ciudad Real, Chiapas. Diario de Viaje 1544-1545, prólogo y notas por Franz Blom 1944-1945. Primera edición, Talleres gráficos del Estado, Gobierno de Chiapas: Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Pp-192-198.

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